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«El probiótico del futuro ya existe»: el Prof. Quigley en la Revista Tendencias en Medicina

El Prof. Eamonn M. M. Quigley en la entrevista publicada por la Revista Tendencias en Medicina
La Revista Tendencias en Medicina publicó el diálogo con el Prof. Eamonn M. M. Quigley durante su visita a Montevideo por el lanzamiento de Alflorex. Los puntos centrales de la conversación.

El Prof. Quigley dirige el Underwood Center for Digestive Disorders del Houston Methodist Hospital y lleva varias décadas dedicado al estudio de la motilidad gastrointestinal y la microbiota. Ante un auditorio de gastroenterólogos uruguayos ofreció una conferencia sobre la evidencia de la cepa Bifidobacterium longum 35624™ y después respondió preguntas surgidas de la práctica clínica cotidiana.

De diagnóstico de exclusión a condición con mecanismo

Quigley describe el cambio de mirada sobre el SII como un giro copernicano. Cuando empezó su carrera, el síndrome era casi un diagnóstico de exclusión que se mencionaba con cierta vergüenza académica y se atribuía a factores psicológicos. Hoy se entiende como una condición real, con una fisiopatología que involucra la microbiota intestinal, la permeabilidad de la barrera epitelial, la activación inmunológica de bajo grado y el eje bidireccional entre el intestino y el sistema nervioso central.

Entre las evidencias más sólidas del rol de la microbiota menciona el SII postinfeccioso, los antibióticos como factor de riesgo —sobre todo administrados en la infancia—, el SIBO y la señalización microbiota-intestino-cerebro.

Qué hace que un probiótico sea «de precisión»

Para Quigley, esta es la pregunta más importante que un gastroenterólogo puede hacerse hoy, porque la palabra «probiótico» se volvió un término de marketing que abarca desde cultivos de yogur hasta productos de eficacia demostrada. Un probiótico de precisión cumple tres condiciones:

  1. El microorganismo está identificado a nivel de cepa, no solo de género y especie.
  2. La dosis utilizada es la que efectivamente se estudió en los ensayos clínicos.
  3. Existe evidencia clínica específica para la indicación terapéutica que se pretende.

Sobre la evidencia acumulada, señala que los estudios publicados en revistas como The American Journal of Gastroenterology y Gut muestran que alrededor del 60% de los pacientes con SII que reciben esta cepa experimentan una mejoría significativa en sus síntomas principales: dolor abdominal, distensión, alteraciones del tránsito y urgencia evacuatoria. Y agrega un dato que lo satisface especialmente: los ensayos realizados en atención primaria, en condiciones que replican la práctica clínica real, arrojaron resultados incluso más robustos que los de los estudios iniciales.

La cepa que nadie esperaba

El desarrollo partió de una pregunta sencilla de enunciar y difícil de responder: cómo luce la microbiota de una persona verdaderamente sana. De ahí se aislaron cepas candidatas que atravesaron caracterización, estudios in vitro, arreglos génicos, ensayos en animales y, recién entonces, estudios clínicos. El favorito era Lactobacillus salivarius 4331. Fue Bifidobacterium longum 35624™ la que superó todas las pruebas: el primer ensayo controlado con placebo, publicado en Gastroenterology en 2005 por O’Mahony y colaboradores, la mostró significativamente superior tanto al Lactobacillus como al placebo.

La pregunta correcta

Consultado por el mensaje final que le daría al gastroenterólogo frente a un paciente con SII que no responde a los tratamientos convencionales, Quigley propone ampliar el mapa terapéutico y recuerda que el SII es una condición heterogénea: no todos los pacientes responden a lo mismo.

«La pregunta ya no es «¿probiótico sí o no?», sino «¿cuál, en qué dosis, con qué evidencia y para qué paciente?». Esa es la pregunta correcta.»

Leer la entrevista completa publicada en la Revista Tendencias en Medicina (PDF)

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