Una noche de cocina, no una charla
El formato fue deliberadamente distinto al de una actualización científica. Tres horas, delantal puesto, grupos reducidos y manos en la mesada en el espacio de MDPAULA. Nadie escuchó una presentación: todos cocinaron.
La consigna fue simple. Entre lo que se recomienda en la consulta y lo que el paciente efectivamente cocina en su casa hay una distancia que rara vez se trabaja. Cocinar juntos es una forma de acortarla, con recetas simples, ingredientes reales y técnicas que se pueden repetir un martes cualquiera.

Por qué la alimentación es parte del abordaje digestivo
El vínculo entre lo que comemos y cómo funciona nuestro sistema digestivo dejó hace tiempo de ser una intuición. El Prof. Eamonn Quigley lo planteó con claridad durante su visita a Uruguay: la dieta mediterránea es hoy el patrón con mayor respaldo científico para reducir síntomas digestivos, y los probióticos suman cuando están sustentados por estudios clínicos serios.
De ahí los tres ejes que atravesaron los talleres:
- El patrón alimentario, no el ingrediente aislado. Lo que sostiene la microbiota es el conjunto de la dieta.
- Fibras y fermentados, bien incorporados. Cómo sumarlos de forma gradual para que aporten sin generar distensión ni gases.
- Especificidad de cepa. No todos los probióticos son equivalentes: Bifidobacterium longum 35624® es la cepa con mayor evidencia clínica en Síndrome de Intestino Irritable.
Lo mejor: la mesa compartida
Participaron profesionales de gastroenterología, nutrición, medicina general e interna y cirugía. Esa mezcla terminó siendo el valor agregado del encuentro: el mismo paciente, mirado desde cuatro puertas de entrada distintas, alrededor de una mesa.

Porque comer rico y sentirnos bien pueden ir de la mano.
La invitación


